No había nadie haciendo esto en Madrid
Cuando empecé no tenía a quién mirar ni un camino marcado que seguir. Mi primera decoración la llevé en el metro y llené los globos con la boca: no tenía coche, no tenía inflador, solo fuerza de voluntad y mucha fe en que aquello merecía la pena.
Con el tiempo entendí que esa falta de referentes también fue una ventaja: me obligó a crear mi propio estilo desde cero, sin copiar a nadie.